Número 3 / 2009
Copyright Departamento de Lengua y Literatura IES Mar Menor
Dirección: San Javier, Murcia
/ Concretamente extraordinario
El botijo dorado

 

Miriam Hernández Ferrer, 4º A

 

Carlos, un hombre al que detectaron una enfermedad grave, había pactado con una especie de mafia que le compraran una medicina única que solo podrían conseguir ellos a cambio de servicios ilegales como robar. Esta enfermedad solo se curaba con esa medicina. Tenía un hijo de dieciséis años llamado Rubén que, cansado de que sus padres no le contaran nada de lo que pasaba, se fue de su casa. El chico, al ver que no tenía dónde ir, pensó en volver a casa, pero se acordó de que tenía las llaves de la casa de su abuela. Su abuela había muerto hacía seis años y el chico aún la añoraba.

Rubén había oído hablar a sus padres de un botijo muy prestigioso que tenía que conseguir su padre y no paraba de pensar cómo sería el botijo, qué valor tendría y por qué su padre debía de encontrarlo. Esto último le quemaba la sesera, ya que su padre no le contaba nada. Cuando su padre se ponía malo, le decían que era un simple catarro o una alergia, pero él se preocupaba porque esto pasaba constantemente. A Rubén nunca le contaron la enfermedad que tenía su padre, pero lo intuía.

Un día el chico se puso a rebuscar entre las cosas de su abuela y por casualidad encontró el botijo dorado con algo que parecían diamantes. Pasaron unos días y el chico se preguntó si ese era el botijo el cual tenía que encontrar su padre. Rubén volvió a casa con la intención de preguntarle a su padre si ese botijo era el que buscaba, pero con la condición de que le contara todo lo que estaba pasando. Cuando llegó encontró a su madre llorando con su padre en brazos muerto del dolor. Rubén preguntó entonces por la importancia del botijo y su madre le dijo que tendría que dárselo a un hombre que tenía la medicina de su padre.

Rubén siguió las indicaciones de su madre y corrió a conseguir la medicina de supuestamente salvaría a su padre de la muerte.
Al cabo de tres horas llegó a casa, pero su padre ya había muerto y ya no había nada que hacer. Su madre, dolorida por esta situación, abrazó a Rubén y le contó lo que estaba pasando. El chico ya lo entendía todo, pero ahora había perdido a su padre.

A los seis meses, salió un día en las noticias “Mafia arrestada por robo en una joyería”, y Rubén con cara de satisfacción miró a su madre y le dijo que eran ellos. Leyendo detenidamente la noticia en el periódico, descubrieron que habían encontrado también en su poder una copia falsa del gran botijo dorado. Con lo cual, el verdadero seguía rodando por el mundo.

Rubén y Catalina programaron un viaje alrededor del mundo en honor a Carlos. Nadie sabe si lo habrán encontrado, pero seguro que sí.

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