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En la China
antigua existió un emperador llamado Yiao-Ping. Este era un gran
admirador de las costumbres y tradiciones ancestrales taoístas. El
hombre perdió a su mujer veinte años atrás y desde entonces tuvo una
vida de celibato y adoración a los espíritus. El único defecto del
hombre era que su hijo murió un año antes de que este se casara y acabó
sin descendencia y, temiendo un problema sucesorio, los monjes
decidieron buscar a una mujer que se pareciera a la emperatriz.
Tres meses más
tarde llegó la mujer a la corte como Geisha, la joven era bella y de
ojos verdes y rostro parecido al de la emperatriz. Pero había un
defecto, cada vez que esta se casaba, su marido moría al día siguiente.
Al llegar a la corte el emperador empezó a tartamudear y dijo:
-¿Tú no habías
muerto?
La joven dijo:
-La gente vive
en el No Ser, cuando yo me junté con el Ser los ancestros me
concedieron la reencarnación en este cuerpo para así acabar tu legado
con descendencia. Es deseo de los ancestros y orden del Tao que
renueves tus votos y me concedas un hijo varón.
La mismísima
tarde de ese día el sumo sacerdote taoísta los unió y esa noche
hicieron el amor. Al día siguiente el emperador apareció asesinado y se
le cedió la regencia al sumo sacerdote taoísta. Al conocer el engaño,
el espíritu del emperador se vengó y nueve meses más tarde vino al
mundo el hijo del emperador que nació con sexo femenino. Así comenzó
una guerra entre el hermano del emperador y el clero taoísta que
defendía la soberanía de Shiu-Wei, la hija del emperador. Pero la
venganza del emperador no terminó aquí. Debido a los espíritus, estos
le concedieron la reencarnación como guardia real de Shiu-Wei. Dos años
más tarde el hermano del emperador murió y entonces se aceptó la
soberanía de Shiu-Wei que empezó una guerra contra la reencarnación de
su padre, quien había reunido poder por China. Un año después el
emperador irrumpió en palacio y acabó él mismo con la vida de Shiu-Wei.
Al ver que había matado a su hija y por tanto a la familia real de
China dijo:
-Acabo de
mancillar el honor de la familia imperial.
Dicho esto
hizo a su segundo al mando su sucesor y se hizo el Hara-Kiri para
restablecer el honor de la familia imperial.
El nuevo
emperador creó una capilla donde hizo una recopilación de grabados con
los escritos que dejaron el emperador y su reencarnación al darse
cuenta que el emperador era el hombre que derrocó a Shiu-Wei.
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