Número 3 / 2009

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Número 3

EX PRESIÓN

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Concretamente extraordinario

Narraciones extraordinarias

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A primera vista

Copyright Departamento de Lengua y Literatura IES Mar Menor
Dirección: San Javier, Murcia

/ Concretamente extraordinario

 

 

 

El último suspiro

 

Patricia Fernández Ferrer, 4º A


Os voy a contar una historia que pasó hace mucho tiempo, cuando la Tierra tenía ya cuatro mil quinientos cincuenta millones de años y en donde podréis comprobar cómo el planeta permaneció intacto hasta su último latido.
     Eran las siete de la mañana y todavía no había salido el sol. Bárbara seguía en su cama, sumergida en sus pensamientos, cuando de repente el despertador sonó. Ella se estremeció y como casi todas las mañana el pobre reloj salía despedido por la ventana en apenas cuatro segundos. Se vistió y se encaminó hacia el hospital Segura, donde tenía su propia consulta de psiquiatría.
     El reloj marcaba las 8:30. Bárbara entró en su consulta donde siempre la esperaban más de veinte locos que no la dejaban ni respirar con sus absurdos problemas, pero en el fondo era feliz. Era médico y eso era todo por lo que tanto había soñado y luchado en estos últimos quince años.
Bárbara trataba con pacientes de muchos tipos de locuras y le encantaba tratar con ellos, en algunas ocasiones hasta se recuperaban.
     Esa misma mañana traían a una mujer anciana de una tribu muy lejana de África que decía que se iba acabar el mundo y que nadie podía hacer nada para remediarlo.
     No era extraño verse con casos de este tipo, eran frecuentes. Pero cuando hicieron pasar a la anciana a su consulta, Bárbara pudo observar la mirada tan intensa con la que miraba esa mujer.
     -No estoy loca-dijo la mujer.
     -De verdad, no estoy loca- repitió.
     Bárbara no dedicó su tiempo a escucharla y examinó su cerebro. Era increíble. No mostraba ningún signo de locura ni nada por el estilo en su cráneo.
     -Deben creerme, no nos queda mucho tiempo. La Tierra se acabará y ya nada existirá.
     -Por qué dice eso, mujer, ¿no ve que eso no ayuda nada a arreglar las cosas?
     Pero ella la miró con una mirada tan tan profunda que ella no pudo dejar de arrepentirse.
     Pasaron los días y la mujer le contaba su vida para reconocer algún rasgo de peculiaridad. Pero no. La mujer era una anciana normal y corriente que solo era víctima de una vida llena de torpezas. Pero nada más.
     Pasaron más días y Bárbara no vio más motivo para dejarla allí encarcelada como una auténtica loca. Pero un día se le acercó y la miró muy de cerca a los ojos. La Tierra se acabará y todos moriremos. Empezaremos por deshielos e inundaciones y luego epidemias, esto será un caos.
     La mujer se fue y Bárbara se quedó sentada en su silla, pensando. Esa mujer tenía tanta verdad en sus ojos que no pudo pensar no que tenía razón. Pero eso era una locura, no podía ser.
    Era 29 de Septiembre y el otoño ya se dejaba notar, pero aún hacía calor. Bárbara veía las noticias cuando escuchó que un sunami había arrasado toda la costa oeste de EEUU. Era una catástrofe. De repente se acordó de la anciana de África. Pura casualidad, pensó, pero nada más.
     Era 20 de Diciembre y ni una sola nevada había inundado los Pirineos. Muy raro en esa época del año. En la tele habían anunciado deshielos en el Polo Norte.
     3 de Marzo. Bárbara disfrutaba de unas vacaciones en su hotel de las Bahamas. Todo el mar era tan grande y tan azul. Cuando llegó la tarde, bajó al comedor para cenar. Las vacaciones estaban siendo geniales. Pero extraños ruidos la sobresaltaron. Una familia corría de un lado a otro gritando y sufriendo de dolor. De repente cesaron los gritos. Habían muerto. Todo eso era muy raro, y a Bárbara le recorrió un escalofrío por todo el cuerpo. No podía ser, no podía ser cierto que se acabara el mundo. Todo el mundo sentado en su silla sin saber el peligro que corría. Entonces otro niño gritó de dolor. Era una epidemia. Bárbara chilló y chilló:
     -¡Todo se acabará! ¡Ya nada quedará!
     Unos hombres la cogieron y se la llevaron a un psiquiátrico. Era gracioso, se la llevaron a un psiquiátrico, el lugar donde ella atendía a los enfermos, a locos. Pero ella no estaba loca y sabía lo que iba a ocurrir. La Tierra llegaría a su último momento. Debía prevenirles. De nada sirvió. No podía hacer nada. Todo era tan confuso y tan cruel, cada vez que pasaban las semanas un pueblo se infectaba de epidemia y así uno tras otro. Hasta que acabaría con todo.
     Los hospitales se llenaban, y se vaciaban las camas de los enfermos para luego asistir a más personas de cáncer e infecciones y ella no podía hacer absolutamente nada. Estaba sedada y no se movía.
     De repente todo llegó. Tres continentes se vaciaron, hasta que un día una gran ola gigante se llevó a Europa y a Asia y todo acabó. Y así ocurrió porque así fue como Bárbara lo vio y lo vivió antes de morir, antes de poder comprobar que todo lo que tenía a su alrededor se moría y se enterraría en el fondo de la Tierra para luego ser olvidado.
     Puede que la historia sea un rollazo y parezca muy surrealista, pero puede ocurrir que la Tierra llegue a su último suspiro y entonces ya nada servirá.

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