Número 3 / 2009

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Número 3

EX PRESIÓN

Querida gramática

Contar con lo abstracto

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Concretamente extraordinario

Narraciones extraordinarias

Paso a paso

Instrucciones singulares

Me acuerdo de...

Suplementos memorables

Contigo a diario

Morfología rimada

Te llaman pasado

El tiempo en un verbo

Contigo, vivir

Letras vivas

Caligramas

A primera vista

Copyright Departamento de Lengua y Literatura IES Mar Menor
Dirección: San Javier, Murcia

/ Concretamente extraordinario

 

 

 

El ladrón y su profesión

 

Juan Francisco Rodes Morán, 4º A

Bueno, empezaré esta historia presentándome, me llamo Sara, o al menos es lo que decía mi padre, ya que cuando no estaba “cogiendo cosas prestadas sin permiso indefinidamente” paseaba por las calles para ver posibles objetivos, y me encontraba con que detrás tenía una enorme masa de gente que venía hacia mí corriendo y gritando ¡ladronzuela! ¡Ya veras cuando te pille! Decía casi siempre alguno, a lo que yo me decía a mí misma, si todo lo que hago y sé, es por mi padre, no sé que tiene de malo que un padre enseñe la profesión a su hija, además lo que cogíamos era lo justo para no morir de hambre y aburrimiento, esta profesión es mas vieja que ellos, ¡ella estaba primero y tiene derecho a seguir existiendo! Ya que si no hubiese existido la profesión de mi padre, nosotros, y miles de personas habríamos muerto, por eso mi padre quiso solucionar el tema de una vez, para no robar más en lo que queda de vida ya que cada vez los comerciantes protegían mejor sus negocios. Hace un mes fuimos disfrazados de turistas por la calle (para que no nos reconociesen y persiguieran por todo el pueblo como otras veces que salíamos a la luz del día), entrando en cada uno de los comercios para “inspeccionar el terreno” según mi padre (pero que en realidad estábamos inspeccionando los sistemas de seguridad), de vez en cuando mi padre me decía que apuntase tal o cual cosa en una pequeña libreta que yo llevaba siempre conmigo, en donde iba apuntando el lugar, los sistemas de seguridad y la hora de cierre (pero todo esto se sabía sin entrar en las tiendas ya que siempre lo ponen en unos letreritos para informar al cliente o ladrón del horario y la marca de alarma que tiene el dueño del comercio (supongo que lo hará por presumir), sigo sin comprender por qué quieren los clientes saber cosas del sistema de seguridad del local, pero mi padre siempre dice que un buen ladrón siempre entra en el sitio donde va a robar (cosa que también hace el cliente y en ocasiones un empleado), terminamos cinco minutos después de entrar en la primera tienda (en total “inspeccionamos” unas siete tiendas), mi padre decía que son ocho (me da igual, como soy yo la que apunta…, además, así le ahorro trabajo a sus neuronas) y nos fuimos a casa a trazar un plan (aunque eso lo hizo él porque yo no sabía dibujar), cenamos lo que habíamos robado en algunas tiendas mientras “inspeccionábamos” y me fui a la cama mientras mi padre trazaba ese plan. A la mañana siguiente mi padre decía saber cómo dar el golpe (no sé lo que quiere decir con eso ya que él no ha ganado una pelea en su vida, pero en fin), después de haber dibujado el plan, miro el plan y entiendo por qué no sé dibujar, de tal palo tal astilla, mi padre solo necesitaba las herramientas adecuadas y como decía él “valor y al toro”, eso era fácil de decir pero tratándose de un ladrón la cosa cambia. Hace tres días que conseguimos las herramientas y como mi padre ya ha encontrado su valor (que supongo que se le había perdido) y dice esta noche que vamos a actuar (cosa que veo yo muy difícil porque no sé nada de teatro). Mi padre me dijo que íbamos a robar en un sitio llamado churrería Bartolo, que estaba justo en medio de la plaza del ayuntamiento (digo “estaba” porque cuando llegamos a la plaza del ayuntamiento, mi padre se dio cuenta de que era un remolque). El caso es que al final no conseguimos “dar el golpe”, pero mi padre al final consiguió convencer al dueño del puesto de churros de que le dejase trabajar allí, además de ganar ahora un sueldo fijo al mes, el dueño le dijo que todos los churros que no se vendiesen en el día se los podía quedar. Pero mi padre es una persona muy arraigada a las costumbres, y como además hemos conseguido ahorrar un poco de dinero me dice no sé qué de ir a “visitar” el museo Louvre en París, porque dice que tiene muchas ganas de ver el cuadro La Mona Lisa de un pintor italiano llamado Leonardo da Vinci para luego poder verlo todos los días en casa (supongo que se referirá a hacerle una foto, porque de verdad no creo que vayamos a tener éxito sí intentásemos robar el cuadro, además nunca hemos temido éxito en ningún robo, y como dice mi padre: si siempre ha sido todo de una manera, ¿por qué tiene que cambiar ahora?).

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