Número 3 / 2009
Copyright Departamento de Lengua y Literatura IES Mar Menor
Dirección: San Javier, Murcia
/ Concretamente extraordinario
La libreta mágica

 

Rocío Ramírez Murcia, 4º A


Todo comenzó una mañana cuando Eric se levantó de la cama, bajó al comedor y allí estaban su madre y su padre esperando ansiosos a que abriera el primer regalo del día de su cumpleaños. Eric abrió el regalo pensando qué podría ser, aquellos momentos eran los que más le gustaban, eran de verdad momentos familiares, y él con una increíble duda ¿Cuál sería su regalo este año? Ansioso, lo abrió y su cara cambió en un instante, era una libreta, qué clase de padres regalaban una libreta a su hijo por su cumpleaños. De pronto se dio cuenta, y cambió su cara, de decepción hasta ahora, sus padres no podían permitirse regalarle cosas inmensas y caras como a otros niños, y si ellos habían decidido regalarle eso tendrían algún motivo.
 

     - ¿Te gusta? Preguntaron entusiasmados sus padres.
     - Si, contestó Eric. Muchas gracias, mamá; muchas gracias, papá. Añadió al instante.
    

     Su madre, es dio cuenta de algo, a Eric no le había entusiasmado del todo el regalo, la madre de Eric se sintió algo culpable por no poder regalarle a su hijo todo lo que él deseaba.
 

     - Eric, ¿sabes?, aunque no lo creas esta libreta te ayudará más de lo que te imaginas, tiene un poder que aún nadie ha adivinado.
    - ¿Sí? -Preguntó sorprendido Eric, y mirando a su madre con cara de admiración, tenía ya ocho años recién cumplidos, ya no creía en esas tonterías…


     La conversación terminó ahí, Eric subió a su cuarto y esperó a las usuales llamadas de sus tías por el día de su cumpleaños. A la hora llamó su tía Elsa, habló con ella y ella también le contó lo asombroso de la libreta, pero aún así seguía sin creerse nada. Esa tarde era Domingo y aún no había terminado sus deberes, pensó que las siete y media ya era hora de empezar, así que cogió su libro y empezó a escribir. A los diez minutos Eric ya estaba “en la luna de Valencia” pensando miles de cosas, de pronto le vino a la cabeza lo que le habían dicho su madre y su tía, él ya era mayor para esos cuentos, pero había algo dentro de él que seguía creyendo en ellos. Cogió la libreta y sin saber qué utilidad darle empezó a escribir, aquello no se entendía muy bien ya que tan solo tenía ocho años y no hacía mucho que había aprendido a escribir, su letra estaba un poco torcida y tenía ciertas faltas pero se podía leer:

     Ojalá mi cumpleaños hubiera empezado de otra forma, no sé, quizás otra forma de cumplir ocho años, ya soy casi mayor y me hubiera gustado tener un balón de fútbol o una videoconsola. Son cosas que a los niños de mi edad les gustan y tienen, entiendo que mi familia no me pueda dar más, pero ojalá no fuera así, ojalá mis padres tuvieran dinero para comprar más cosas y no tuvieran que trabajar tanto, pasaríamos mas tiempo juntos y disfrutaríamos más de el tiempo y todo lo que tendríamos…


     Allí se quedó la libreta abierta por la primera hoja y sin terminar, aquello se había convertido en una especie de libreta de los deseos, pero ya eran las ocho y media y su madre ya le había pegado un grito para que apagara la luz y se acostara, y Eric así lo hizo.
 

     A la mañana siguiente Eric se levantó, su habitación estaba cambiada y llena de estanterías con juguetes por todas partes, a los pies de su cama encontró una barbaridad de regalos, todos ellos más grandes de lo que podía ser él. Sin creer muy bien lo que estaba pasando bajó al comedor, su padre y su madre estaban siendo atendidos por dos mayordomos, siguió por la cocina y allí había dos mujeres no muy mayores, les preguntó que quiénes eran y qué hacían allí, ellas se rieron y le contestaron que lo único que hacían era la comida de esa mañana.


     Así transcurrió la mañana, todo el mundo corría y nadie parecía haberse acordado de su cumpleaños, en su habitación había miles de regalos pero nadie lo había felicitado, ni tan siquiera sus padres.


     Aquel día era el peor de su vida, tenía todo lo que había deseado, todo lo que el había escrito la noche anterior en la libreta, pero no le gustaba nada. En ese momento lo comprendió todo, el misterio de la libreta era ese, ¡SUS DESEOS SE CUMPLÍAN! Y ahora qué era lo que debía de hacer para que todo volviera a la normalidad. Se tiró toda la mañana pensando qué hacer, y nada, ninguna idea. Al rato, pensó que en los pies de su cama había visto un regalo envuelto como el de la libreta, tenían el mismo envoltorio, el mismo tamaño, rápido subió arriba a su habitación, lo cogió, lo abrió, y se puso a escribir, tan solo escribió:

 

     ¡Quiero que todo sea como ayer antes de acostarme!


     Eric despertó, miró su reloj y vio que eran las seis de la mañana, miró el día en el calendario, 9 de Septiembre, el día de su cumpleaños, todo hasta ahora estaba bien, la habitación era la misma que siempre y sus padres dormían en su cama sin que nadie los atendiera. En ese momento Eric se dio cuenta de una cosa: que le gustaba su vida tal y como era, que no cambiaría nada de ella y que no es más feliz el que más tiene, sino quien menos necesita.


 
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