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Había una vez una señora que siempre utilizaba el mismo perfume. A todo el mundo le seducía el fresco aroma y todo el mundo la seguía. Al llegar a la puerta de su casa elegía a un hombre de entre todo el mundo. Al día siguiente, el hombre que se iba con la mujer desaparecía y nadie le volvía a ver. La policía empezó a sospechar y fue a la casa de la mujer a hacer una inspección. No había rastro del crimen, ni huellas dactilares, ni sangre, no había nada. El perfume, al evaporarse en la piel de la mujer y tocar al hombre, le producía un escalofrío mortal, poco a poco se iba retorciendo de dolor, hasta que su espíritu se introducía en la fragancia, de esta forma, el perfume nunca se acaba, y hay gente que todavía siente el fresco aroma del perfume mortal.
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