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Esta historia intenta demostrarnos que cuando menos te lo esperas y con lo más mínimo tu vida puede cambiar.
Todo ocurrió aquel día, Pedro se levantó de la cama dispuesto a ir a clase, al llegar al colegio comenzaron las burlas de siempre, su mejor amigo le decía que no hiciera caso a los demás, que lo mejor era pasar de ellos y que solo lo hacían para sentirse bien con ellos mismos, ya que no eran capaces de darse cuenta de sus propios fallos e intentaban buscar los de los demás. Aun así Pedro seguía disgustado, no le gustaba que se metieran con él, y como era lógico algún día pensaba darle un escarmiento a esos niños.
Pasaron varias semanas, ya era 9 de septiembre, el cumpleaños de Pedro. Su amigo, Javier, le regaló un diario y un lápiz y le dijo que escribiera en él y se daría cuenta de que aquel diario no era como todos, que con él podría hacer cosas que con otros diarios era imposible y que todo iba a cambiar mucho dependiendo de lo que escribiera en él. Al principio Pedro no le hizo mucho caso a todo aquello, pensó que a pesar de lo que dijera su amigo era simplemente un diario y al fin y al cabo lo que él escribiera en él no iba a cambiar la historia de la humanidad.
Un día Pedro llegó a su casa destrozado, estaba ya harto de soportar burlas y risas, así que pensó que era la hora de empezar a escribir en el diario que le regaló su amigo y además sería una buena manera de desahogarse. Pedro ni se imaginaba lo que iba a suceder, pero él empezó…
"Querido diario, esta es la primera hoja pero espero que no la última, tendré que empezar a escribir todos los días o al menos 4 veces a la semana, en parte porque mi mejor amigo me dice que lo haga y en parte porque yo también necesito desahogarme. Esta mañana todo empezó como siempre, me vestí y bajé a tomarme el desayuno. Hasta ahí todo marcha bien, como siempre, el problema es cuando llego a clase, como soy algo más bajito que los demás y algo más tímido los demás se ríen de mí, mi amigo dice que pase de ellos pero sus comentarios no pasar desapercibidos por mi cabeza. Como siempre Adrián y sus amigos empezaron a meterse conmigo, nada nuevo, creo que ya debería estar acostumbrado, pero bueno… sus comentarios, sus risas, todo en general
¡Ojalá tuviera valor para decirles a la cara lo que pienso yo de ellos! Así todo terminaría y ellos dejarían de meterse conmigo.
Mamá me llama, así que tendré que dejarlo por hoy, mañana seguiré escribiendo…
Pedro bajó a la cocina a poner la mesa, ya se había hecho la hora de la cena. Y así acabó aquel día.
A la mañana siguiente Pedro llegó a clase, en la hora del recreo salió afuera con los demás, allí comenzaron las burlas, en ese momento de la boca de Pedro salió algo que él no pensaba decir, que ni si quiera se veía capaz de decir. En ese momento se dio cuenta de que lo que había dicho era lo que aquella noche había deseado en el diario. Miró a su amigo y su amigo sonrió y a partir de ahí la vida de Pedro cambió para siempre.
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