|
Era una vez un niño poco juguetón al que le gustaba estar en su casa viendo la tele y en Internet y eso a su madre no le gustaba nada. Él solo salía de su casa para ir al colegio, que, por cierto, era muy buen estudiante. Era sábado y hacía un día estupendo, el niño se levantó y se vio con energía para afrontar bien el día, desayunó y le dijo a su madre que se iba a la calle. Su madre se quedó pasmada de ver a su hijo decirle eso. Él salió tan contento y paseando se encontró con un compañero de su clase y estuvieron hablando un rato sobre cosas del colegio. -¿Sabes que han hecho un nuevo parque de atracciones? –dijo el amigo con una gran alegría. -¿En serio? –contestó el niño. Y siguieron hablando. Cuando llegó a su casa, su madre le esperaba para echarle una bronca porque, como el niño nunca salía para hacerle recados y ahora de repente sí salía a darse una vuelta, la verdad es que ella no lo entendía. Después de la bronca el niño se fue desolado a su habitación porque le había dicho a su madre de ir al parque de atracciones ese domingo con toda la familia y su madre claramente le dijo que no. La madre hablando con el padre le decía que no entendía nada, un día de repente su hijo quería salir después de estar tanto tiempo allí metido. Mientras, él estaba desolado, no sabía cómo hacer para poder ir al parque de atracciones y no entendía por qué no querían llevarlo. A la hora de la comida en la mesa hablaron de por qué había cambiado tan de repente. El niño no sabía cómo explicarles que estaba aburrido de
estar siempre en la casa metido. Durante la cena volvió a insistir, pero parecía que seguía sin conseguir nada y se fue a la cama con tristeza. Cuando se levantó al día siguiente, sus padres le habían dejado en la puerta de la habitación las entradas para el parque de atracciones. En el parque de atracciones lo pasaron genial, y quien lea esto puede ver cómo de un día para otro la vida de las personas puede hacer un cambio brusco.
|