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Érase una vez un niño llamado Iván, tenía 12 años y no tenía padres porque murieron en un accidente de coche. Él fue a un
orfanato y allí estuvo hasta los 18 años. A su salida empezó a buscar trabajo y lo encontró de repartidor de periódicos. Con el dinero que ganaba pagaba el alquiler. También por las tardes cuando llegaba de trabajar, se ponía a estudiar porque estaba estudiando un curso de química a distancia. A los tres años se sacó el título y empezó a buscar trabajo como químico. Era un poco difícil porque en el pueblo donde vivía no había muchas siderurgias, pero en la última a la que fue encontró un puesto de trabajo. Allí se enamoró de una de sus compañeras. Él no lo sabía pero a ella también le gustaba. Al cabo de unos meses se declararon. Se fueron a vivir juntos, pero cuando llevaban tres meses juntos ella murió por un cáncer. Él no se vino abajo y siguió trabajando, pero no se volvió a enamorar. Un domingo él estaba jugando un partido de fútbol y un señor que buscaba jugadores le preguntó que si quería formar parte de un equipo y él dijo que sí. Tuvo que dejar su trabajo, pero no le importó.
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