El sueño de amor
Allí estaba ella, sentada sobre una piedra a la orilla del mar peinando sus largos cabellos. Me quedé observando largo rato su belleza. De repente se dio la vuelta y se me quedó mirando con sus preciosos ojos, y así estuvimos, mirándonos él uno al otro durante un rato hasta que me acerqué a ella.
Era más preciosa de lo que recordaba. Su melena castaña le llegaba hasta un poco más abajo de los hombros, sus ojos marrones hipnotizaban a cualquiera que los mirara, sus labios que yo anhelaba besar eran como las olas del mar, sus pechos eran turgentes y delicados, sus piernas eran preciosas y flexibles como el bambú y su piel era tersa como ninguna.
Cuando llegue junto a ella me senté a su lado y le saludé, ella parecía muy pensativa y miraba hacía al mar.
-Hola, Patri - dije con mucha vergüenza- ¿Qué tal estás?
-Hola, Sergio.- me respondió-Yo estoy muy bien ¿Y tú?
-Yo también-. y lo siguiente que dije me costó mucho- ¿Nos damos un paseo por la orilla?.
-Estaba deseando que dijeras eso.- me respondió con timidez- Vamos.
Este comentario hizo que mi corazón se pusiera a mil revoluciones y allí estaba yo feliz de estar dando un paseo con la persona a la que quería. Empezamos a andar por la orilla de la playa sintiendo cómo el agua nos acariciaba los pies suavemente.
Comenzamos a hablar sobre nosotros y a contarnos anécdotas de nuestras vidas.
Al cabo de un rato llegamos a una pequeña bahía donde la arena era de un color crema y en el mar no se veía ninguna ola.
Fue entonces cuando me propuso que nos bañáramos así que como llevábamos el bañador debajo de la ropa nos metimos al agua. Cuando la vi en bikini me quedé como una piedra al ver su silueta y las curvas de su cuerpo, y no me callé, se lo dije:
-Estás preciosa -le dije.- Pareces una sirena.
-Muchas gracias - me dijo roja por la vergüenza.- Tú tampoco estas nada mal.
Y después de ese intercambio de opiniones me lancé al agua y desde allí vi cómo se tiraba suavemente al agua de cabeza. Estuvimos charlando en el agua y haciéndonos bromas. A la media hora nos salimos del agua y como solo llevábamos una toalla nos envolvimos en ella y nos sentamos sobre la arena abrazados. Fue entonces cuando ella apoyó su cabeza en mi hombro. Empecé a notar sus pulsaciones y los dos las teníamos aceleradas. Y así estuvimos largo rato los dos abrazados mirando hacia el mar, fue entonces cuando el sol empezó a ponerse y eso me decidió a declararle mis sentimientos hacia ella.
-Qué preciosa esta puesta de sol - le dije - ¿No te parece?
-Me encanta - me respondió.
-¿Sabes qué es lo
que hace que sea tan bella esta puesta de sol? -le pregunte.
-No lo sé. -me dijo- Dímelo tú.
-Estar viéndola junto a ti.- le respondí- Eso es lo que la hace tan bonita.
-Muchas gracias.-me respondió tímidamente-Eres muy amable. Me lo estoy pasando muy bien contigo.
-Patri, te tengo que decir una cosa.-Ahí estaba yo tras una tarde perfecta declarándome al amor de mi vida-Pero no sé cómo decírtelo.
-Di lo que te diga
tu corazón.-me dijo en voz baja.
Eso me decidió aún más a declararme y me lancé:
-Pues lo que te tengo que decir es que...-empecé a notar calor en mi cara y supe que era porque me estaba enrojeciendo- Lo que te tengo que decir es que me caes muy bien y desde el momento en que te vi me enamoré de ti. Tranquila si tú no sientes lo mismo no tengas miedo de decírmelo.
Ya no había vuelta atrás, ahora no me podía acobardar, debía seguir adelante.
-No hace falta que te diga que no te quiero.-me respondió- Porque en este caso yo también estoy enamorada de ti.
Esto que me dijo fue lo que más me sorprendió. Yo ya estaba más feliz que nadie en el mundo.
-Entonces, supongo que no habrá problemas si te hago esta pregunta.
-Adelante -dijo.
-¿Te gustaría ser mi novia? - le pregunté-.
-Estoy encantada de poder decir que sí. - me respondió.
Y allí estaba el momento que durante tanto tiempo había esperado, acerqué mi cara a la suya y fue cuando nuestros labios se encontraron. Fue un beso dulce pero a la vez apasionado. Cuando nuestros labios se separaron en la cara de los dos la felicidad se reflejaba.
-Te quiero más que a nada en el mundo -le dije.- Eres lo mejor que me ha pasado en la vida, ojalá esta tarde nunca se acabara.
-Lo mismo pienso sobre ti.-me dijo-Te amo como nunca he amado a nadie.
Y se volvió a repetir ese beso perfecto, pero esta vez fue distinta a la otra, porque de repente hubo un ruido que me taladraba la cabeza y me estaba alejando de mi amada.
Fue entonces cuando me desperté en mi cama y maldije porque lo que había sido el mejor sueño, el más realita y el más emotivo había acabado. Y me dio tanta rabia que al poco sentí las lágrimas recorriendo mis mejillas y allí me quedé yo en la cama pensando en el sueño que nunca pasaría en la realidad. |