| El extraño reloj Había una vez una niña que se llamaba Laura. Laura era delgada, morena y despistada. A ella le encantaba bailar y salir. Laura siempre pensaba que era la niña más desafortunada del planeta, ya que sus padres le acababan de regañar, su hermano se burlaba de ella, le acababan de suspender un examen, se le habían olvidado los deberes,… en resumen, no era un buen día para ella. Al salir del instituto tenía que ir andando a su casa, ella estaba muy cansada, hacía mucho calor, le pesaba la mochila y creía que era la niña con menos suerte. Pero cuando de repente miró hacía el suelo con un gesto muy normal, tuvo un golpe de suerte, se acababa de encontrar un reloj muy antiguo, pero un poco raro, se lo guardó y siguió su camino. Nada más llegar a su casa comió rápidamente y se fue a su habitación a observar el reloj. Cuando ya estaba tranquilamente sacó el reloj de la cartera y lo abrió. El reloj era bastante extraño le faltaban varios números, tenía una sola aguja y una tecla que sobresalía. Laura tenía curiosidad de saber para qué servía la tecla, así que la apretó. De repente se teletransportó a un lugar bastante extraño en el que había un hombre con una gabardina y grandes gafas. El hombre la saludó y ella muy extrañada le preguntó quién era, él dijo que era el que fue dueño del reloj en épocas anteriores y Laura asustada creía que el hombre pensaba que se lo había robado, pero el hombre le dijo que no era por eso. El hombre comenzó a hablar con ella: ─Laura ¿tú crees que eres afortunada en la vida? ─preguntó el hombre. ─No, ni soñarlo, yo soy la niña más desafortunada del planeta, del mundo, de todas partes ─dijo Laura ─¿Seguro que piensas eso? ─Volvió a preguntar el hombre. ─Sí, segura ─respondió la niña ─Pues acompáñame en un viaje ─dijo el hombre, y Laura lo aceptó. Juntos se volvieron a teletransportar mediante el reloj a un lugar del desierto. El hombre le explicó que estaban en el Sahara y que le iba a enseñar cómo vivían las tribus de esa zona. Nada más llegar al lugar vio a dos niños que tendrían siete años trabajando en el campo, y Laura se acercó a preguntarles por qué no iban a la escuela, ellos le explicaron que no estaban en la escuela porque su madre tenía que cuidar de sus hermanos pequeños y no podía venir a trabajar y si no venía ella tenían que venir ellos porque si no, no tendrían para comer esa semana. Laura, conmovida, se tuvo que marchar a otro lugar. En el otro lugar vio a un hombre que no había ido a dormir a su casa en dos días porque tenía que trabajar, para alimentar a sus cinco hijos y su mujer. Así fue viajando y conociendo historias tan conmovedoras como estas. Al terminar el viaje el hombre le dijo a Laura: ─¿Te has dado cuenta de algo? ─preguntó el hombre. ─Sí, me ha dado cuenta de que soy una niña muy afortunada, ya que mis padres tienen un horario normal, puedo ir a la escuela, puedo comer todos los días,…-respondió Laura. Cuando Laura se dio cuenta de esto el hombre y el reloj desaparecieron y Laura apareció en su habitación como si nada, aunque en el fondo de su corazón, se dio cuenta de que era una niña muy afortunada y que nunca volvería a pensar lo contrario. | |