Hino-Chan Esta es la historia de una joven de quince años muy soñadora. Un día, un hada apareció de repente cuando volvía a casa anunciándole que debía cumplir una misión, salvar el pueblo del otro mundo. Hino-Chan estaba alucinada con las palabras que oía de aquel pequeño personaje. Era increíble. Le contaba que el planeta Omégaa estaba siendo víctima de la oscuridad y el terror eterno a causa de una horrorosa bestia, el Puma Azul. Era un animal legendario que había vuelto de las tinieblas para conquistar Omégaa y apoderarse de todo lo que veían sus ojos. Loga, el hada transportó a Hino hasta el planeta Omégaa, a millones de años luz. Al llegar, Hino sintió un inmenso poder, pues era la legítima heredera al trono de Omégaa, actualmente ocupado por el malvado Loirettt, el Puma Azul. Todos los habitantes del planeta se habían unido a Hino-Chan, porque sabían que era ella la que debería reinar allí. Tenían total confianza y seguridad en ella.
-¡Loga, has hecho que todos confíen en mí y piensen que he venido a salvarlos!
-Es que es eso a lo que te he traído, jovencita. Tú eres la reina heredera al trono de Omégaa, es decir, tienes todo el poder y la energía del planeta en el que reinas. No te preocupes, todo saldrá bien- dijo Loga con suma tranquilidad y su habitual voz de pito.
-¿Eso crees? ¡Solo tengo catorce años!- advirtió a Loga.
-Casi quince, porque mañana es tu cumpleaños- repuso el hada.
-Ya lo sé.
-Tú espera. Pero Hino no estaba tranquila. Aunque cada vez que miraba hacia el castillo, en la cima de la montaña, sentía una enorme fuerza y una gran valentía, mezcladas con rabia y ganas de destruir al tenebroso puma. A la mañana siguiente, a primera hora, Hino subía las escaleras del castillo con su nuevo traje de metal y un ejército de tres mil hombres. De pronto, una gran cantidad de enormes hombres salieron disparados con espadas y escudos hacia la puerta dispuestos a matar a los intrusos y raptar a la heredera, Hino- Chan. Loirettt tenía un plan bajo la manga y había ordenado que le llevaran a la joven a su trono. Capturaron a la joven y la durmieron para que no ofreciera defensa. Hubo una gran batalla entre los guerreros, muchos hombres inocentes fueron asesinados. Después de que pasaran unas horas, Hino despertó en una gran habitación de reina. Loirettt entró y saludó dulcemente a Hino entregándole un panecillo de azúcar. Ella sintió un gran cariño y un inmenso afecto hacia él, como si estuviera enamorada de Loirettt. Se sentía rara, confusa. No recordaba nada, solamente que en el pueblo en donde había pasado una noche, estaba habitado por criaturas salvajes.
-¿Quién soy, Loir?- preguntó Hino, preguntó mientras comía su panecillo.
-Hino-Chan, la reina de Omégaa.
-Ya, pero..., ¿desde cuándo? Siento un vacío en mi interior- suspiró mientras se colocaba en pie frente a Loirettt.
-Desde siempre, querida.
-Siento algo en mi interior, que no sé si es porque quiero o porque mi cuerpo me obliga- explicó Hino con una lágrima en su mejilla, acercando su cara a la del puma azul, viendo bien de cerca sus ojos blancos. Lo besó. Era eso, sentía amor, pero no realmente, como si algo en su interior la obligara a amarlo. -¡Es un amor imposible! - gritó la joven y se fue corriendo. Loirettt sonrió maliciosamente mientras veía alejarse a Hino, enorgulleciéndose de su perfecto plan. Hino depositaba toda su confianza en él, pero todo era un hechizo de Loirettt, para ir robándole el poder poco a poco. Hino-Chan estaba siendo víctima de una feroz bestia sedienta de poder. Era como una princesa encarcelada, como sumergida en un profundo sueño. Hino, antes del anochecer, llena de dudas, decidió escapar al pueblo, saltando las húmedas y mohosas murallas, sin importarle qué bestias hubiera fuera. Corriendo sin pensar por el bosque colina abajo, se encontró con una resplandeciente hada de color verde fluorescente.
-¡Hino-Chan! ¡Eres tú! ¡Por fin te encuentro, pero qué casualidad! ¿Qué haces aquí?- exclamó Loga.
-¿Cómo sabes mi nombre? ¿Quién eres?- refunfuñó Hino, enfadada.
-Soy Loga. Pero da igual, quería decirte urgentemente que estás hechizada por Loirettt y te ha hecho creer que es una buena persona, ¡aléjate de él! No te creas nada de lo que diga, y muy importante, no creas en tus sentimientos!
-¿Cómo? ¿No creer en mí? ¡Pero qué dices, insolente criatura! Loirettt es la mejor persona que he conocido, y sé que es mi príncipe.
-¡No! Hino, por favor, no creas en ti. Mañana, pasado el amanecer, gracias al antihechizo podrás volver a ser quien eres y salvar Omégaa!
-¡Basta ya¡- convocó un conjuro y Loga desapareció. Hino no sabía lo que hacía, era como una marioneta en juego. Esa misma noche le contó toda la historia a Loirettt y él muy enfadado adelantó los planes. Hechizó a todos los habitantes de Omégaa. Tras ser hechizados como Hino-Chan, todos aclamaban a los reyes del planeta. Estaban muy contentos con la idea de que Hino-Chan se casase con Loirettt D'Alphettt y que gobernasen juntos. El plan era perfecto, pero Loga, antes de ser hechizada, había preparado su antihechizo. Y como ella dijo, pasado el amanecer, el hechizo acabaría. Ese hechizo era una especie de agua divina que cubriría todo el planeta como una capa de ozono y que salvaría a todo ser de cualquier embrujo oscuro. Hino respiró ese cálido aire divino y volvió a la normalidad. Ahora recordaba todo, lo bueno y lo malo, lo presente y lo pasado. Sintió ganas de asesinar al puma. Andaba muy deprisa por los corredores del castillo con su espada en la mano. Se sentía despierta y libre. Abrió la puerta de la habitación de Loirettt y lo amenazó.
-No creas que puedes conmigo, sucia humana.
-Sí puedo- y corrió hacia él con su espada delante- ¡Muere Loirettt!- intentó matarlo, pero él fue más rápido. ¡Clash! Hino-Chan, desgraciadamente, había muerto. Murió por el pueblo de Omégaa. Quedó tirada en el suelo, manchada de sangre, mientras Loirettt reía a carcajadas, con aire demasiado triunfal. Finalmente, El Puma Azul siguió gobernando Omégaa, con terror eterno en sus habitantes. |