El caso jugarreta Aquel día era tormentoso, las nubes poco a poco se ennegrecían más y más. La gente que rondaba por las calles iba desapareciendo y yo ahí, quieto e inmóvil esperando sin saber muy bien qué hacer. Pero cuando casi había perdido toda la esperanza, una sombra apareció y poco a poco empecé a escuchar sus pasos al pisar los charcos repletos de agua. Pronto los pasos cesaron, miré al frente y lo vi, vi a una persona vestida con un gran chubasquero de piel de ballena, unos zapatos de Tucci bastante desgastados, y aunque por culpa de aquel sombrero no pude ver su rostro, se le notaba en el frunce que estaba preocupado. Me apoyé en aquella pared desgastada y mohosa y haciendo un poco el chulo le dije: ─¿Qué es lo que quiere de mí? Porque yo no me dedico a tonterías. ─Yo solo sé mi mujer está metida en algo grave.─Contestó. ─Y usted quiere que yo lo investigue, ¿no es así? ─Pues sí, de hecho sí. ─Bueno, pues para empezar necesito que me traiga a esta dirección las cosas que vienen en esta lista que le entrego. ─¿Dónde?, ¿cuándo? ─Todo está en el papel.  El jueves 13 puntualmente estaba allí en aquel barrio pesquero donde el olor de la lluvia apestaba a pescado podrido. Aquel señor del chubasquero se acercó a mí, se quitó el gorro y se apoyó sobre la bolsa de basura que llevaba consigo. Me miró, era un hombre alto, su rostro era pálido, tenía unos ojos verde esmeralda y parecía que con los años se estaba quedando calvo, aunque tenía un enorme y frondoso bigote. ─Aquí tengo lo que me pidió, señor detective. ─¿En la bolsa? ─Si, le he dicho a mi esposa que me iba a tirar la basura y después a casa de un compañero de trabajo. ─Bien, ya tendrá noticias mías. Al llegar a mi casa abrí la bolsa y con un gesto de aprobación empecé a leer números. 
Todo parecía normal excepto algunos nombres extraños y otros resaltados. Como con todos los casos, me puse a investigar esa agenda, llamé a todos los números y me fabriqué mi propia lista de nombres sospechosos. Entre ellos había uno que especialmente me llamó la atención: Muelle 1. Me fui al muelle, estaba vacío. Me acerqué a uno de los almacenes enmohecidos que me pareció sospechoso, era el único que no estaba cerrado. Me acerqué, empujé la puerta y ¡¡Sorpresa!! Todo había sido una jugarreta de mi mujer para celebrar mi cumpleaños. |