Número 2 / 2008
/ Narraciones extraordinarias
El caso jugarreta
Iria Tortosa López, 2º B

El caso jugarreta

 

Aquel día era tormentoso, las nubes poco a poco se ennegrecían más y más. La gente que rondaba por las calles iba desapareciendo y yo ahí, quieto e inmóvil esperando sin saber muy bien qué hacer. Pero cuando casi había perdido toda la esperanza, una sombra apareció y poco a poco empecé a escuchar sus pasos al pisar los charcos repletos de agua. Pronto los pasos cesaron, miré al frente y lo vi, vi a una persona vestida con un gran chubasquero de piel de ballena, unos zapatos de Tucci bastante desgastados, y aunque por culpa de aquel sombrero no pude ver su rostro, se le notaba en el frunce que estaba preocupado. Me apoyé en aquella pared desgastada y mohosa y haciendo un poco el chulo le dije:

─¿Qué es lo que quiere de mí? Porque yo no me dedico a tonterías.

─Yo solo sé mi mujer está metida en algo grave.─Contestó.

─Y usted quiere que yo lo investigue, ¿no es así?

─Pues sí, de hecho sí.

─Bueno, pues para empezar necesito que me traiga a esta dirección las cosas que vienen en esta lista que le entrego.

─¿Dónde?, ¿cuándo?

─Todo está en el papel.

 

El jueves 13 puntualmente estaba allí en aquel barrio pesquero donde el olor de la lluvia apestaba a pescado podrido. Aquel señor del chubasquero se acercó a mí, se quitó el gorro y se apoyó sobre la bolsa de basura que llevaba consigo. Me miró, era un hombre alto, su rostro era pálido, tenía unos ojos verde esmeralda y parecía que con los años se estaba quedando calvo, aunque tenía un enorme y frondoso bigote.

─Aquí tengo lo que me pidió, señor detective.

─¿En la bolsa?

─Si, le he dicho a mi esposa que me iba a tirar la basura y después a casa de un compañero de trabajo.

─Bien, ya tendrá noticias mías.

Al llegar a mi casa abrí la bolsa y con un gesto de aprobación empecé a leer números.

 

 

Todo parecía normal excepto algunos nombres extraños y otros resaltados. Como con todos los casos, me puse a investigar esa agenda, llamé a todos los números y me fabriqué mi propia lista de nombres sospechosos. Entre ellos había uno que especialmente me llamó la atención: Muelle 1.

 

Me fui al muelle, estaba vacío. Me acerqué a uno de los almacenes enmohecidos que me pareció sospechoso, era el único que no estaba cerrado. Me acerqué, empujé la puerta y

¡¡Sorpresa!!

Todo había sido una jugarreta de mi mujer para celebrar mi cumpleaños.

 

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