Número 2 / 2008
/ Oro parece...
¿Las apariencias engañan?
Aitor López Serrano, 2º B

¿Las apariencias engañan?

 

En mi opinión las apariencias sí engañan, aunque en el mundo de hoy son tomadas muy en serio porque los demás te juzgan por todo: te pueden juzgar por tu manera de andar, según como andes te dirán que eres un chulo, o un estirado; por la manera de vestir te pueden llamar empollón, “friki”, chulo o macarra; por llevar un pendiente o una moto te pueden llamar porrero o delincuente; en fin…

Hoy en día se da demasiada importancia a las apariencias y al aspecto físico; tanto que a alguien simplemente por ser más bajo, más flojo, más enclenque o porque le guste llevar gorras, zapatos, jerséis o chalecos, por llevar gafas o tener acné o ser más gordo, es decir, por no ser lo que nosotros tenemos por idea de alguien “normal” lo pueden apartar y no querer saber nada de esa persona los demás.

Luego está también el tema de las nacionalidades: cada vez que vemos a un extranjero, ya sea alemán, magrebí o lo que sea, tendemos a juzgarlo sólo por ir vestido quizá de manera diferente o por tener otras costumbres. Pensamos que son mala gente, personas asquerosas o repugnantes que no merecen ser tratadas como seres humanos.

Quisiera terminar diciendo que no deberíamos juzgar a las personas por su aspecto porque muchas veces las apariencias pueden engañar. Todos, seamos quienes seamos, tenemos unas ideas, unos gustos y unas tradiciones o costumbres que deben ser respetadas, aunque cada uno sea libre de tener una opinión sobre ellas. Todos somos iguales, vivimos en el mismo planeta, compartimos cielo, aire, tierra, mar; debemos aprender a convivir y a no excluir a nadie de la sociedad por su aspecto o gustos. Ese será el comienzo de una convivencia mejor en la que todos nos llevemos bien y en la que aprendamos a vivir penas y alegrías, dolor y amor todos juntos.

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