Número 2 / 2008
/ Dichoso aparato
Móvil salvavidas
Rafael Sáez Rodríguez, 3º A

Móvil salvavidas

Dos exploradores llamados Hans y Collins dirigen una expedición en unas ruinas en Egipto. Estos amigos son uno alto y flacucho con perilla y gafas y otro más relleno, paticorto, barbudo y bigotudo con un sombrero de explorador llamativo.

 

Acaban de entrar en las ruinas de una antigua ciudad egipcia saqueada por los persas y descubren un palacio reluciente y dorado lleno de joyas de brillantes colores como rubíes y zafiros. Hans, el flaco, coge su móvil y comunica al director del museo para el que trabajan que está en el campamento con la radio puesta que él y su amigo acaban de entrar.

 

-Señor, este sitio es muy sospechoso, así que debemos tener cuidado. -Dijo Collins.

-¡Bah!, tonterías, sigamos caminando. -Dijo Hans.

-Usted manda.

 

Siguieron caminando hasta que vieron un tronco en el que había una corona. Hans la cogió y de repente se activó una trampa que había delante y cayó en ella.

 

-¡Señor, está usted bien! -Gritó Collins.

-¡Eso mejor díselo a los cocodrilos! -Contestó Hans mientras los echaba atrás con una lanza que encontró en el hoyo.

 

Enseguida Collins coge el móvil y pide al director del museo que traiga un equipo de rescate. En cuanto llegó el equipo miraron a Hans que estaba con las ropas destrozadas y la lanza partida por la mitad. El equipo de rescate lanza una cuerda y Hans se agarra a ella justo antes de que los cocodrilos lo devoren.

 

-Bueno, ha estado a punto. -Dijo Collins

-Si, pero ahora tenemos la corona del bajo Egipto. -Contestó Hans con una gran sonrisa.

-Está bien, volvamos a Inglaterra y dejemos esto en el Museo Británico. -Concluyó el director.

Llegan a Inglaterra y los dos salen en portada con Collins con las manos alzadas cogiendo la corona y el móvil.

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