Móvil salvavidas Dos exploradores llamados Hans y Collins dirigen una expedición en unas ruinas en Egipto. Estos amigos son uno alto y flacucho con perilla y gafas y otro más relleno, paticorto, barbudo y bigotudo con un sombrero de explorador llamativo. Acaban de entrar en las ruinas de una antigua ciudad egipcia saqueada por los persas y descubren un palacio reluciente y dorado lleno de joyas de brillantes colores como rubíes y zafiros. Hans, el flaco, coge su móvil y comunica al director del museo para el que trabajan que está en el campamento con la radio puesta que él y su amigo acaban de entrar. -Señor, este sitio es muy sospechoso, así que debemos tener cuidado. -Dijo Collins. -¡Bah!, tonterías, sigamos caminando. -Dijo Hans. -Usted manda. Siguieron caminando hasta que vieron un tronco en el que había una corona. Hans la cogió y de repente se activó una trampa que había delante y cayó en ella. -¡Señor, está usted bien! -Gritó Collins. -¡Eso mejor díselo a los cocodrilos! -Contestó Hans mientras los echaba atrás con una lanza que encontró en el hoyo. Enseguida Collins coge el móvil y pide al director del museo que traiga un equipo de rescate. En cuanto llegó el equipo miraron a Hans que estaba con las ropas destrozadas y la lanza partida por la mitad. El equipo de rescate lanza una cuerda y Hans se agarra a ella justo antes de que los cocodrilos lo devoren. -Bueno, ha estado a punto. -Dijo Collins -Si, pero ahora tenemos la corona del bajo Egipto. -Contestó Hans con una gran sonrisa. -Está bien, volvamos a Inglaterra y dejemos esto en el Museo Británico. -Concluyó el director. Llegan a Inglaterra y los dos salen en portada con Collins con las manos alzadas cogiendo la corona y el móvil. |