Número 2 / 2008
/ Dichoso aparato
El mundo electrónico
Carolina Fernández Ortuño y Beatriz Álvarez Herrera, 3º A

El mundo electrónico

  

Había un hombre en el 3001 al que no le gustaba la tecnología, decía que por su culpa la gente no se comunicaba de forma significativa. Jordi, que así se llamaba, vivía con sus padres. Su padre era un robot empresario, su madre era una mujer microondas, sus hermanos que eran tres, eran humanos con diversos electrodomésticos y él era el único humano de esa casa.

 

En el colegio, Jordi, no tenía apenas amigos, ya que todos sus compañeros tenían unos móviles de última generación y amaban esas cosas; sin embargo él, tenía un simple móvil antiquísimo y no le gustaban tampoco los ordenadores. La Navidad de este año Jordi pidió el último móvil que habían sacado, ya que estaba cansado de no tener amigos.

La noche de los tres Robots Voladores, Jordi se despertó antes de lo normal (esta noche sería para nosotros como la de los reyes magos), fue al tubo de Neón y vio debajo del tubo el móvil que quería, lo cogió y oyó una voz en su cabeza que decía “Hola, soy Sara, el móvil, ¿por qué no te gusta la tecnología de hoy en día?” A lo que Jordi respondió: “No lo sé, creo que la gente ya no se habla a la cara y apenas hay amor en nuestras vidas…”

 

De repente, por arte de magia Jordi se metió dentro del móvil y llegó a un extraño mundo donde había un camino formado por teclas numéricas, los bancos por carcasas y los árboles por cables enrollados en lo alto. Caminando por allí llegó a un edificio en el que las paredes eran pantallas gigantes, los pilares eran antenas y el techo portátiles boca abajo. Entró y descubrió un lugar en el que había muchísimas pantallas de ordenador con imágenes y vídeos, oyó a Sara que decía “Elige una y oirás una historia”. Jordi eligió una foto en la que había una mujer preciosa bañándose desnuda en un lago azul, y dijo Sara: “Si no hubiera sido por los móviles, esta imagen no hubiera sido inmortalizada, con estos colores tan bonitos”. Jordi eligió un vídeo en el que aparecía una chica joven llorando de alegría y Sara dijo: “Esta chica está en el recreo de clase y gracias al móvil su padre le ha podido enviar un mensaje diciendo que la operación iba bien”. Y por último, Jordi eligió una foto de una mujer embarazada que estaba tumbada en la arena y Sara añadió: “Esta mujer acaba de recibir una llamada de su marido, es soldado y está en Bagdad diciéndole que está bien y que vuelve a su casa”.

 

Y Sara volvió a decir “¿qué piensas ahora?”. Jordi, asombrado, dijo que no era una cosa mala, sino que gracias a ellos mucha gente era feliz y que sin ellos la comunicación ya no sería lo mismo, no podríamos inmortalizar momentos únicos…

 

Desde ese día Jordi fue un niño con amigos e integrado, pero jamás iba a olvidar a Sara y su historia. Cada Navidad volvía a visitar ese mundo y conocía un montón de historias, cada Navidad había más y más bonitas y al fin Jordi fue feliz.

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