Número 2 / 2008
/ Espacio abierto
La Ribera
Silvestre Zapata Bastida, 1º G

LA RIBERA

Los barcos se agrupan en batería,

Ensucian las resacas con desconches de madera,

El aceite diluido en manchas resalta, el cómo eran esas playas.

 

Pasaron los años, y los barcos no se movían,

Ni una sola alma, a la playa ahora asistía.

 

Algunos barcos hundidos, asomaban sus mástiles todavía,

Mientras que un pececillo, una solución encontraría.

 

Convocó a todos los peces en el barco hundido más grande.

Frente a la sucia ventana, se reunieron a hablar.

 

El mar estaba verde,

Las bolsas de plástico se agrupaban entre las rocas,

Asfixiando a los cangrejos de mar.

 

El ingenioso pececillo propuso algo:

Retirar todos los barcos, y la playa limpiar.

 

Los barcos se fueron a un grupo todos juntos, mientras

Que el fondo, como una patena tenía que quedar.

 

Los barcos hundidos se enterraron,

Cubriéndose de arena como un espeso manto,

Ni rastro debía quedar.

 

Las bolsas no tardaron mucho en emigrar,

Pues la playa, sin obstáculos se quiso quedar.

 

La luz del sol descompuso las algas sueltas,

Y sólo las vivas hubieron de quedar.

 

Desde entonces y gracias a los pececillos,

La ribera ahí está.

 

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