| LA ESPERA Las ventanas están untadas de polvo que las humaredas de los tanques trasladan, por las calles todo es luz, una luz que calienta las pieles que, inertes están en el suelo, cuerpos secos y apagados, cuyas almas lucharon por la libertad. En un tejado a lo alto de una ciudad muerta una bandera ondea con viveza, es el símbolo de la presente Alemania, todos los muertos luchando por su vida cayeron y todos los vivos luchan por la muerte ajena. Todo está en silencio, disparos secos y agonizantes escapan entre las humaredas, estas humaredas que ya antes de la guerra cegaban la realidad a los desvelados. En medio de la luz, el interior de las casas ocultan las pocas sobras de vida, que quedan en una civilización cuyos valores éticos murieron a la vez que surgía la desesperación por comer unas migas de pan. Dentro de una casa llena de desperdicios, de vidas recortadas por la injusticia, el respirar de dos agonizantes personas destaca en la oscuridad, una oscuridad ocultista, protegida del sol, una oscuridad en soledad. Don Quijote está tirado en el suelo, toda su vida anterior ha sido una falsa, una pantomima a la que su locura le ha llevado, está tranquilo pese a la sofocante respiración, él no distingue ya el sueño de la oscuridad. Sancho solloza a su lado, sabe de su incordura, sin embargo se deja llevar por ella, no hay mejor realidad que la falsa. Ambos saben que no volverán a ver luz alguna, estos pequeños recuerdos que rondan su cabeza ya se olvidan, todo se desvanece, se derrumba. Están buscando su mirada entre la oscuridad, son capaces de entre esa oscuridad imaginar sus livianos ojos, no están desesperados, sus ojos no buscan respuesta, tan solo se mantienen en vida como insectos superfluos. No sienten amor, no saben identificar su alma, no saben lo que son. El ambiente es perturbador, asfixiante, hasta la misma oscuridad se ahoga. A Don Quijote le es introducido un pensamiento, su locura, replantea su lucidez, si loco no está con cordura piensa que no lo está, si está loco, con cordura cree no estarlo aún estándolo. "Sancho, no caben palabras en esta vida, no sé si lo que veo es lo que miro, ya no se si lloro o sonrío, ¿es esto la locura?, ¿estoy sintiendo ahora mi locura?" Sancho lo mira, él tampoco tiene palabras para ello, "amigo, ¿crees que yo soy alguien para poner en duda tu cordura?, pocas gotas en el cielo para unos es tormenta y para otros es sequía, ¿cómo intentar darle cordura a un mundo loco?, tú ahora cuerdo estás, la cordura te hace apreciar tu locura, pero la locura que sientes no es otra que la que existe, la realidad, ¿cuerdos son militares?, ¿extremistas?, ¿asesinos?, ¿cuerdos son aquellos que tan seguros están de su cordura?, sin embargo, amigo, te digo que ellos son los creadores de la locura". Don Quijote suspira complacido, ya solo le queda esperar, "solo espero Sancho, que lejos de la luz que muestra con realidad lo falso y la oscuridad que nos oculta de la luz, nuestros sueños se fusionen sabiendo sin replanteamientos qué es cordura y qué es locura". Las lustrosas insignias de los ojos que cada uno percibía del otro con imaginación desaparecieron, junto con los disparos y el polvo. Tan solo quedó una esencia, la tranquilidad y una ausencia, el pensamiento. | |