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/ Mensajes en una pantalla rota
Alberto López Andreu, 2º Bachillerato Hum/CCSS

Hablaba un poco menos y bebía un poco más 

     El título de este texto son palabras salidas del personaje de una película que vi este fin de semana. Son palabras dirigidas y que se refieren al dolor, a la amargura, a la desesperación. Son palabras que indican la horrible y arrasante acción que tiene la guerra en la vida de algunas personas. Son palabras que nos recuerdan lo que es la guerra, son esas palabras las que nos dicen que un día, muchas personas que hoy son nuestros padres, hermanos, abuelos pasados, fueron enviados, algunos queriendo y otros sin querer, a una guerra que no era su guerra, a una guerra que les marcaría, a una guerra que les mostraría el poder del hombre, a una guerra que acaba con el hombre.

     Fueron muchos y fueron aquellos hombres que más o menos contentos con su estado, con su vida, tuvieron que dejarlo todo para ir a morir, para ir a vivir, para jugar una lotería en la que por una vez llevaban casi todos los números para ser ellos los premiados, muchos de tantos podrían ser los que murieran a manos de otro hombre. Otro hombre que mata porque tiene que matar, otro hombre que mata porque él también puede morir, otro hombre que tiene a un tirano, más o menos tirano, gritando a su espalda, mata o muere.

     Son esos mismos hombres los que un día vuelven a casa muertos, vuelven abatidos, vuelven vacíos, vuelven perdidos y varados en un mar de dudas, pensando en si murieron abatidos en el barro o lo que ven ahora es un mero espejismo que su alma muerta se imagina. Reflexionan en cómo pueden estar vivos. No se lo creen. Piensan en aquellos que han matado, en la familia, en su familia, en los hijos, en sus hijos, en las mujeres, en sus mujeres.

     Como aquel campesino saldado, miembro de una infantería no abatida por las balas sino por el horror, que volvía a casa con la mirada perdida, imaginando al amanecer y al anochecer, durante el día y la noche, qué habrá sido de aquellos enemigos que un día por unas cosas o por otras le permitieron vivir.

     El hermano que mira al cielo y da gracias por no haber sido enviado a luchar, observa al otro, contento de su vuelta, con ganas de abrazarlo. Está vivo y cansado. Quiere poder ver a su hermano, libre de haber sido enviado al infierno de los vivos, pero no lo ve. Vive varado en un muelle de pena, desolación…, sensaciones que lo matan por dentro y le invitan a tomar un trago de olvido. Un olvido que le lleve al ahogo de penas, un olvido que no olvida, unos ojos que no lloran porque su cabeza piensa que ya lloraron bastante en la trinchera.

     El soldado muere, el soldado desaparece, desaparece abatido por un vaso de olvido, abatido por un tiro de dolor, abatido, sólo abatido. En ese momento su hermano recuerda que hablaba un poco menos y bebía un poco más.

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